jueves, 26 de septiembre de 2013

Virgilio y el dragón del Moscova


Un sudor frío y esquivo recorría la frente febril del chico mientras su cuerpo, inmerso en movimientos convulsivos sobre la cama empapada,  intentaba en vano despertar de una pesadilla de la que, desesperado, sabía que no podía despertar.  Apretando los párpados con todas sus fuerzas y aplastándose la cabeza bajo  la almohada  intentaba desaparecer de una vez para siempre.  Los vómitos no le habían aliviado ni una pizca la fatiga que, cual mano de acero, parecía apretarle la boca del estómago despiadadamente. La habitación le daba vueltas como si estuviera en un carrusel  que gira impulsado por la mano de algún fauno caprichoso. Los gritos y los golpes detrás de la puerta habían cesado y un portazo dio paso a un sollozo silencioso que impregnaba el aire de dolor, impotencia y una infinita tristeza.
Sergej salió corriendo de la habitación y empezó a abrir puertas hasta que encontró a su madre sentada en el suelo de la cocina con la cabeza apoyada levemente en la pared. La nariz le sangraba estrepitosamente y el pómulo derecho inflamado enmarcaba una mueca de dolor y de frustración que  al ver al chico se transformó en rabia y en un ensordecedor grito que ordenaba  que se fuera a su habitación de inmediato.  
El chico, fuera de sí, dio un puñetazo a la puerta con todas sus fuerzas. Entonces  un dolor agudo  atravesó su brazo hasta expandirse por todo el cuerpo. Lleno de ira  corrió y corrió lo más rápido que pudo en un intento de alejarse de la pesadilla que lo martirizaba sin piedad, lejos de su madre, de su padre y de si mismo.

La voz ronca y grave invadía poderosamente el sótano. El Doktor H era alto y corpulento. Una larga cicatriz recorría el rostro severo y maduro del moscovita que vestido de negro riguroso y con paso firme, casi militar, caminaba de un lado a otro del sótano.  Las paredes negras estaban cubiertas de placas y banderas cargadas de simbología nacionalsocialista. Un retrato en blanco y negro de Adolf Hitler presidía el habitáculo.   

_  Hoy más que nunca tenemos que permanacer juntos, compañeros. Vivimos en una sociedad contaminada y enferma, donde el capitalismo despiadado dirigido por los judíos americanos, nos gobierna y manipula. Su eterna avaricia y codicia nos domina y continúan ávidamente con la pretensión de eliminar de la faz de la tierra al pueblo originario y verdadero que tiene la divina misión, por su pureza y predisposición natural, de gobernar y depurar a la humanidad para asegurar así su supervivencia. Esta es nuestra misión compañeros, tenemos que continuar la labor por la que nuestros consanguíneos alemanes gloriosamente  lucharon.
El fuerte aplauso no logró perturbar la mirada profunda y contundente que el Doktor dedicaba a la masa de público adolescente que al unísono,  levantando y extendiendo el brazo derecho gritaba reiteradamente Heil Hitler. El Doktor H con una mueca de satisfacción  y con las manos cruzadas en la espalda desapareció por una puerta lateral como el actor de teatro que se marcha satisfecho de su actuación.  Poco después salió la masa juvenil del sótano y por grupos, diferenciados por brazaletes con distintivos nazis,  se repartieron  en diferentes habitáculos laterales. Cada grupo formaba una sección dirigida por un líder que era responsable del seguimiento y control de los componentes del grupo.

Sergej bromeaba dándole golpes a la nuca afeitada de Micha, su mejor amigo, cuando un portazo anunció la entrada en la habitación de Igor, el líder de la sección. La luz tenue y triste de las bombillas de bajo consumo iluminaban los rostros imberbes de los chicos, que atentos observaban la figura enorme y obesa del hombre que tomaba asiento, no sin dificultad,  con un periódico bajo el brazo. Igor con una mirada inquisitiva, comprobó  concienzudamente que todos los miembros de la sección estuvieran presentes y con parsimonia se colocó un cigarrillo entre los casi invisibles labios y abrió el periódico señalando con el dedo la foto de un joven que encabezaba un artículo de la contraportada. El artículo sensacionalista ruso informaba con asombro y no sin cierta sorna, que el ministerio de cultura francés había otorgado el premio de libertad crítica  al bloguero moscovita Alexander Petrov  por su compromiso por la libertad y defensa homosexual en Rusia. Con un gesto de indignación se dirigió al grupo y con firmeza preguntó si alguien conocía al tal Alexander que según el artículo residía en la capital rusa. Nadie reaccionó. Tras una larga calada al ya casi extinto cigarrillo, el líder de la sección 88,  gritó la palabra ¡voluntarios!, no tardaron en levantar la mano varios militantes que desafiantes se ofrecían entre gritos de ¡escarmiento! ¡castigo! ¡pureza!  Igor, como si no escuchara  el griterío, observó con detenimiento la colilla que aplastaba concienzudamente contra el cenicero , levantó la vista con sus diminutos ojos hacia al grupo de chicos  excitados y sin inmutarse se levantó y abandonó la habitación. La suerte estaba echada y se esperarían los resultados.

No era la primera vez que iban a actuar de forma violenta contra homosexuales. La última vez fue hace unos meses cuando consiguieron a través de una web de contactos quedar con un chico en un suburbio a las afueras de Moscú. El chico terminó hospitalizado después de estar tres días desnudo, amarrado y haber sido sodomizado y golpeado con diferentes objetos. Nunca se abrió una línea de investigación seria.  Los autores de los hechos  nunca fueron acusados y varios de ellos formaban aún parte de la sección 88. Sección HH en el alfabeto: Heil Hitler.

Un teclado y una pantalla de grandes dimensiones, latas de cerveza y dos ceniceros llenos de colillas, una cama desecha, unas botas Dr. Martens  junto con camisas, pantalones desperdigados y varias cajas vacías de pizzas completaban el paisaje desolado de la habitación de Sergej. Micha tecleaba nervioso con un cigarrillo entre los dedos mientras canturreaba una canción inintelegible. Sergej sentado a su lado apuraba una lata de cerveza y observaba con el rabillo del ojo el comentario que su amigo escribía en el blog gay más famoso del momento, el arcoiris de Moscú.
Micha, alababa el último artículo en el que el autor, Alexander Petrov, alias Amanecer, criticaba la decisión política del Kremlin de prohibir la propaganda homosexual en todas sus facetas. La prohibición suponía un duro golpe legal a un movimiento que intentaba desde la caída del comunismo hacerse un hueco en un sistema democrático incipiente e inmaduro lastrado aún por rancias y conservadoras estructuras de poder. ¡Lo tenemos! grito Micha mientras golpeaba emocionado la cabeza rapada de Sergej. El autor del blog había contestado agradecido el comentario del artículo y  había añadido el avatar de los chicos  entre sus seguidores.  Ahora habían conseguido la vía de comunicación necesaria, sólo quedaba esperar y ganarse su confianza a través del chat para llevarlo a la trampa mortal. Sergej empezó a teclear su móvil nervioso para comunicar a los camaradas del éxito de su estratagema con una sonrisa malévola dibujada en los labios.


Un cielo gris enmarcaba un paisaje urbano sin sombras. Desde la ventana de la habitación de Sergej sólo se divisaba un montón de tejados derruidos donde decenas de gatos se paseaban alegremente entre basura y restos de tejas que formaban un paisaje desolado por la miseria y la marginalidad.

Amanecer tiene un mensaje para ti.
El sonido enlatado de una campana virtual despertó a Sergej que tumbado en la cama, malhumorado y aún vestido de calle se apretaba la cabeza  con las palmas de las manos en un vano intento de aminorizar el dolor que como un martillo le golpeaba  las sienes sin piedad. Un cuarto de hora después se levantó, bebió el último sorbo caliente de una lata de cerveza, encendió un cigarrillo y se acercó a la pantalla del ordenador.
Buenos días Lambda 88, quería agradecerte el comentario que hiciste de mi artículo “el viento a favor“. Como te habrás dado cuenta me han vuelto a bloquear el blog, pero no te preocupes en breve lo volveré a activar. Bueno, quería saludarte y animarte. Que sepas que somos muchos y ¡que seguimos luchando! un abrazo. Amanecer.
- Maricón de mierda. Sergej se acomodó en la silla y al apurar el cigarrillo empezó a toser, la garganta le quemaba terriblemente, habían sido demasiadas las cervezas y los cigarrillos, necesitaba comer algo. Paso la mano por la pantalla para quitar la saliva que deformaba las letras y se puso a escribir.
- Gracias Amanecer por tu mensaje. Me alegra saber que sigues escribiendo y defendiendo nuestra causa en este país de mierda.  Esta injusticia y persecución a la que estamos sometidos no debe mermarnos, unidos podremos un día ser libres y manifestar nuestra condición sin miedo. ¡Gracias!, ¿por cierto vives en la capital? Me gustaría conocerte personalmente.
- Sí, pero como comprenderás tengo que mantenerme en el anonimato. Tú, por tu seguridad, tienes que ser también cauto porque pueden estar controlando nuestros mensajes, no lo olvides.
Sergej con una mueca de frustación se muerde el labio inferior y echa una mirada pensativa al cielo gris a través de la sucia ventana. En ese momento un tremendo golpe abre la puerta de par en par,  el chico con el corazón en un puño y  tembloroso se giró lentamente.
-¿Qué cojones haces todavía aquí? ¿por qué no estás en el taller? La voz grave y rota pertenecía a su padre que, amenazador,  se asomó desnudo tras el marco de la puerta cubierta al completo por su enorme figura.  Sergej se apresuró a terminar de escribir cuando un manotazo en la espalda arrojó al chico al suelo. Acurrucado en forma fetal y con las manos sobre la cabeza, cerró los ojos con todas sus fuerzas en un vano intento de desaparecer.

El ojo derecho no podía abrirlo y  la sangre seca de la nariz le impedía respirar con naturalidad.  Después de varios intentos, Micha seguía sin responder al móvil cuando un movimiento ligero e insonoro desvió la vista de Sergej hacia la ventana; unos intrépidos ojos verdes lo observaban  con curiosidad y detenimiento. Sergej se acercó y acariciando al felino lo tomó en brazos, acercó su dolorido rostro al lomo caliente y suave del gato y sintiendo un profundo alivio permaneció así durante varios minutos.
Un sonido metálico anunciaba la llegada de un mensaje.
- Hola Lambda 88, ¿cómo estás? Espero que bien. Sabes, hoy he soñado contigo, ¿qué curioso, no? No te conozco de nada, pero, no sé, algo me dice que eres un ser especial. Un abrazo.
- ¿qué has soñado?
- Algo extraño. Tú estabas en la entrada de una gruta oscura y misteriosa. Con una mirada azul como el cielo  me invitabas a entrar, como un Virgilio en las profundidades de los infiernos. ¿tienes los ojos azules?
- Pero ¿cómo sabías que era yo?
-¿tienes los ojos azules? ¿sí o no?
- Sí. Sergej mentía.
- ves, lo sabía. De tu aspecto físico no recuerdo nada pero sí del aura que te envolvía. Me recordó tu forma de escribir.
- Bueno y ¿qué paso?
- Al acercarme a la gruta me diste la mano y el calor que sentí me dió una seguridad indescriptible, no temí ni un momento. Entramos juntos.
- ¿y qué paso después?
- después de andar un rato a oscuras, llegamos a una inmensa pradera. En el centro nos observaba amenazante un dragón terrible. Cruzamos la pradera como si nada.
-¡Qué sueño tan raro! ¿Y adónde llegamos?
-No sé porque me desperté. Bueno, querido tengo que irme, ya hablaremos. Un abrazo.  Amanecer.

Micha reía a carcajadas mientras leía el diálogo. Acarició la cabeza afeitada de Sergej y burlón se acercó para besarlo.
- Lambda, dame un besito, amor.
Los dos se golpearon entre carcajadas, hasta que Micha se retiró para encenderse un cigarillo.
-Cabrón lo tienes en el bote. Ahora tienes que quedar con él, pero rápido. Ayer me llamó Igor preguntándome cómo iban las cosas, el doktor H quiere una respuesta rápida ahora que los medios están tratando el tema con tanta insistencia. Y ya sabes que al jefe no le gusta esperar. Tenemos que darle una lección a ese maricón de mierda que sirva de ejemplo a toda esa gentuza enferma que trata de contaminarnos. Así que tú verás. Micha salió de la habitación y Sergej tuvo un sentimiento de malestar. Habían pasado  casi cuatro semanas desde el primer chat y en la  última semana había pasado horas diarias escribiendo con el autor del arcoiris de Moscú. Se pasaba el día esperando el sonido metálico del timbre de aviso de correo. Había encontrado, sin quererlo, a un confidente con el que compartir sus miedos y sus frustraciones. Por primera vez se sentía aceptado como es, sin tener que recurrir a ninguna  ideología ni simbología aglutinadora alienante. Para Amanecer, Sergej trascendía lo físico, como éste le había definido, era la consumación platónica de la otra mitad errante, el alter ego. El chico  estaba confuso, no sabía qué le estaba pasando. Poco antes de llegar Micha había borrado  toda la correspondencia de la última semana por miedo a que  sospechara de él, lo que le costaría sin duda muy caro dentro de la sección. Los compañeros de la sección había significado todo para él en el último año, ellos fueron su refugio y su razón de ser. El vacío familiar, las frustraciones y los miedos los había transformado en la rabia y violencia necesarias para alcanzar el bien común de la sección, donde el bien individual subyace necesariamente ante el bien y el fin del grupo.

Sergej no pegó ojo esa noche. Un débil haz de luz anunciaba el alba contrayendo la dilatada pupila del joven, el cual, terriblemente agotado cerraba irremediablemente  los pesados párpados. La decisión estaba tomada.

- buenos días Amanecer, ¿cómo has dormido? Espero que bien. Siento no haberte podido escribir en estos dos últimos días, he tenido problemas con la conexión. Te he echado de menos.
- No te creo. Podrías haber ido a un Cyber por lo menos para que no me preocupara ¿no? lo he pasado mal, pensé que te había ocurrido algo.
- Lo siento, no pensé en ello. He tenido problemas aquí en casa, ya sabes, y he esperado a que pasara la tormenta.
- Está bien, no te preocupes. Por cierto ¿cómo te va en el taller? ¿Te sigues encontrando a gusto?
-Sí, sí. El mes que viene empiezo un cursillo de mecánica, parece que el jefe se empieza a fiar de mí.
-  ¡Eh fantástico!, me alegro muchísimo, ¡qué bien!
- Oye amanecer, quiero agradecerte la confianza y el apoyo que me has ofrecido en las últimas semanas. Sin ti no hubiera salido del agujero en el que me hallaba. ¡gracias!
- no empieces con sentimentalismos, que me pongo a llorar…
- tengo una propuesta ¿?
- No.
- Sí, por favor. Aunque sea para un cafelito…
- ¡No! ya sabes que esa es una regla de oro. Corremos el peligro de perder todo lo que hemos construido hasta ahora. Esta amistad ¿? es lo más valioso que tengo hasta ahora, Lambda 88. No lo echemos a perder.
-  Presiento que todo va a ir a mejor, por eso me encantaría poder verte. Por favor, ¡solo una vez ! Sabes que mi intuición nunca me ha engañado…
- mhhmmhmhmh
- por favor…
- De acuerdo, pero sólamente bajo mis condiciones.
- ¡Hecho!

La larga sombra de los cipreses invadía el enorme recinto del parque Gorki en las cercanías del centro de Moscú. Algunas aves se posaban a la carrera en el tranquilo cauce del río Moscova mientras algunas parejas aprovechaban la débil luz del atardecer para buscar ángulos muertos de intimidad.  Alexander Petrov, llegó intencionadamente con retraso. Se cercioró de no ver nada sospechoso a las afueras del recinto y entró  en el vestíbulo del lujoso restaurante a la ribera del río Moscova. Un camarero sonriente se inclinó amablemente con la intención de tomar su abrigo. Desde el ventanal del guardarropa observó Alexander con detenimiento a todos los que cenaban en  la sala Katharina. Sólo dos jóvenes se encontraban solos en una mesa. Uno, elegante y apuesto, miraba tranquilo a través de la ventana; el otro, calvo y también elegante, miraba algo nervioso la carta del menú. Tras mirar con detenimiento y analizar sus gestos se decidió, conteniendo como pudo los nervios, por el chico de la ventana que en la distancia se asemejaba más a su imagen mental de Lambda 88. Se proponía  dirigirse hacia la mesa cuando de repente una chica joven inesperadamente se interpuso  en su camino y se dirigió directamente  al chico de la ventana. Alexander aliviado pero algo incómodo se dirigió hacia el otro chico que, diríase instintivamente, se dirigió hacia él dedicándole  una bonita sonrisa. Micha irradiaba una mirada azul de bienvenida.

La oscuridad había invadido el parque Gorki y sólo la senda central del recinto quedaba débilmente iluminada con los reflejos amarillentos de las viejas farolas modernistas. A poco más de quinientos metros, allá donde el Moscova forma un elegante meandro estaba todo preparado. Los chicos de la sección habían traído todo lo que iban a necesitar, cadenas, palos de béisbol, puños de acero y esposas. Igor se había puesto de acuerdo con los vigilantes del parque y éstos no iban a dar problemas, la decisión estaba tomada y Alexander Petrov tenía que sufrir un castigo ejemplar para erradicar la homosexualidad por lo menos en la capital moscovita: el martirio sería grabado y publicado en las redes sociales, su propagación por el mundo sería cuestión de minutos. Su cadaver con lastre  tenía que desaparecer para siempre en los lodos fluviales del río Moscova.

Dos sombras recortaban la tímida luz amarillenta del parque. Los chicos de la sección se prepararon y se escondieron detrás de varios bancos. En el ambiente cargado de humo y alcohol, se masticaba un paciente nerviosismo. Las sombras iban tomando tonos de nitidez a medida que se acercaban y la figura alargada, elegante  y débil de Alexander se aproximaba en compañía de la de Micha que, visiblemente inquieto, buscaba la señal de los verdugos. Saliendo de la nada el grupo de unos diez jóvenes vestidos de negro se interpusieron en el camino con todo tipo de armas blancas. En ese momento la obesa figura de Igor apareció en un lateral con un bate de béisbol, se acercó al grupo ajustándose las tirantas del pantalón y le lanzó el bate a Micha, que con una sonrisa burlona se adelantó, dejando solo a Alexander. La voz ronca y fúnebre del obeso anunció a Alexander entre insultos homófobos que estaba acabado.
El pánico inundó su cuerpo y la cara desencajada del chico produjo carcajadas entre los verdugos que con burlas e insultos caldeaban un ambiente esperpéntico. Igor agarró el bate con las dos manos e hizo el amago de acercarse al chico cuando éste en un último intento de supervivencia se giró y empezó a correr con todas sus fuerzas. Los jóvenes  hambrientos de sangre salieron  detrás de él. Uno de ellos lanzó una pesada y larga cadena de acero que se enredó fatalmente entre los pies de Alexander, tirándolo al suelo bruscamente. El joven se golpeó la cara fuertemente  con el suelo y empezó a sangrar sin saber exactamente de donde. El grupo de adolescentes alcanzó al chico, y a pesar de la violencia que radiaban por los ojos, esperaron obedientes al gordo Igor que corría medio asfixiado mordiéndose los labios preparado para dar el primer golpe al cuerpo yacente del joven indefenso.

Un tremendo estallido paralizó al gordo, que confuso, empezó a mirar en todas las direcciones mientras el resto de la sección desorientado, se giró  hacia el líder sin saber qué hacer. Una sombra surgió  de la nada. La sombra empuñaba una pistola  y a medida que iba acercándose, iba definiéndose la figura de alguien que conocían todos muy bien. Los chicos de la sección lo observaban incrédulos. Sergej paso ante la mirada inquisitoria de Igor y sin perder de vista sus pequeños ojos le golpeó con la pistola con todas sus fuerzas sobre la cabeza. El líder de la sección 88 dió un alarido de dolor y cayó de rodillas  cubriéndose la cara dolorida con las manos. Un reflejo dejó adivinar varios hinchazones en el rostro de Sergej y una escayola del brazo izquierdo, secuelas del castigo que el propio Igor le había propinado unos días antes al intentar desertar de la sección.


Con una dulce sonrisa en los labios se acercó Sergej  a Alexander, bajo la mirada atónita de los presentes. Éste aún sentado en el suelo, contemplaba a Sergej como a un ser de otro mundo. Sergej le ayudó a levantarse y le besó suavemente en la frente. Cogidos de la mano se fueron alejando entre la tenue luz amarilla de las tristes farolas del parque Gorki, hasta desaparecer por completo bajo la densa niebla del río Moscova. 

3 comentarios:

  1. Buena historia por su escritura , combinada entre ficcion y lamentablemente una realidad .Enhorabuena A. P. Reverte te feliciraria ,desde luego yo tambien .nunca es tarde para iniciar de nuevo esos bellos y a veces crueles relatos .desarrollar la imaginación y expresarla en Extramuros es un placer para quien lo escribe y para quien lo lee, Esperamos más relatos proximamente ,gracias por ello

    ResponderEliminar
  2. Oscar, te has salido... me parece un relato estupendo, te lo has currado bastante. La gramática, perfecta. Logras que nos situemos en la situación de modo perfecto, recreas magistralmente una situación de violencia extrema que llena la vida de muchas personas, que por desgracia no conocen otra cosa. A la vez abres la puerta a la esperanza, una amistad extraña, casi imposible, consigue que una persona abra los ojos y decida romper con todo, aún a riesgo de su propia vida. Enhorabuena hermano, sigue deleitándonos en Extramuros, te seguiré fielmente. Besos para todos. Paco.

    ResponderEliminar
  3. A pesar de que quizás es un relato demasiado extenso para publicarse en el blog, creo que has conseguido una composición pata negra. Logras que el lector se sitúe exactamente donde pienso que quieres que lo haga, en todo momento. La historia es conmovedora y de determinadas parcelas de la misma se puede sacar muchísimo petróleo para nuevas creaciones tuyas, seguro que te has percatado de ello...

    Respecto el tema homosexual en Rusia, más allá de las noticias que nos intentan transmitir últimamente, creo que es más que interesante recordar la farsa lésbica de las cantantes TATU, no sé si las recuerdas. Durante años, estas dos cantantes hicieron ver al mundo una relación de amor que parece ser, nunca existió, y que sí les sirvió para catapultarse hacia la fama, incluso participaron en Eurovisión. Luego se destapó que todo estaba pactado y era mentira. Pero vamos, que a pesar de todo, no tengo constancia de que les vaya muy mal por su país, tras haber coqueteado con un tema muy muy delicado en ese país...

    En fin, enhorabuena una vez más. Espero ver nuevas composiciones tuyas brevemente, aunque soy consciente de las dificultades que ello conlleva. ¡Besos!

    ResponderEliminar